La Meditación:

un extraordinario viaje hacia el interior

Por Miguel Rico

Le invito a que en estos mismos momentos pare lo que esté haciendo, tómese unas cuantas respiraciones largas y profundas, y pregúntese con detenimiento lo siguiente… ¿listo?

¿Qué estoy pensando en estos momentos?

¿Cómo me siento?

¿Puedo sentir el cuerpo, cómo está sentado, cómo respira?

Si bien preguntarse eso puede resultar bastante obvio o tal vez un poco extraño, la verdad es que pasamos la gran mayoría de nuestro tiempo sin darnos cuenta de lo que está pasando dentro de nosotros.

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Esclavos de los estímulos sensoriales y de la búsqueda incesante de querer “ser feliz y estar bien”, estamos más pendientes de lo que está pasando “allá afuera”… el mundo que vemos y construimos con nuestros sentidos y con el que nos relacionamos momento a momento. Permítame ahora le pregunto lo siguiente:

¿Lo que estaba haciendo hace unos instantes, lo estaba haciendo de manera consciente o lo estaba haciendo en “automático”?

¿Con qué actitud lo estaba haciendo?

Este mundo actual en el vivimos nos exige, nos demanda toda su atención, y en menos de un abrir y cerrar de ojos, andamos en él como si fuéramos maquinas…nos levantamos, comemos, dormimos, trabajamos sin parar. Viene el día y viene la noche, y se repite todo una y otra vez. Ese ciclo al que llamamos “vida” y que intentamos controlar a como dé lugar, hace que no solo estemos acelerados, sino que también vivamos en una constante insatisfacción, y cuando de repente vemos que todo está cayendo a pedazos, desesperadamente intentamos buscar una solución “allá afuera” sin ver tal vez que la solución está ahí en frente, dentro de nosotros mismos.

¿Qué tiene que ver la meditación en todo esto?

Más allá de todos los beneficios que uno puede leer acerca de la meditación en artículos de neurociencia o en vídeos de Youtube, es lo que cada uno puede experimentar directamente independientemente del credo, religión, cultura, edad o sexo. La meditación, si se practica de manera honesta, completa, con juicio y con una buena guía tiene un valor transformativo que uno no alcanza a imaginarse.  La meditación nos ofrece una sana posibilidad de empezar a vernos a nosotros mismos y a los demás de un modo distinto, más allá de los juicios y condicionamientos. Rompiendo la idea de que meditar es solo sentarse, cerrar los ojos y enfocarse en la respiración, la meditación es la puerta de entrada a algo que aunque parece tan obvio lo pasamos por alto…conocernos a nosotros mismos.

¿Realmente sabe quién es usted?

Sin irnos a cuestionamientos profundos que puedan caer dentro del plano de la metafísica o el existencialismo; la meditación con todo su bagaje filosófico y psicológico, más allá de las tradiciones y escuelas de las que hace parte, nos lleva gradualmente por medio de métodos y técnicas a confrontarnos, a cuestionar y observar qué pensamos, qué sentimos y cómo eso influye en el modo en como actuamos en el día a día, aquí y ahora. Esa confrontación nos lleva a ver de frente aquello a lo que normalmente ignoramos o intentamos suprimir, para que en todo su proceso de transformación, despertemos (usando la analogía de las corrientes propuestas por oriente) para ser, pensar, actuar en conciencia y en armonía con uno y con los demás, ya que solo cuando hacemos eso, es cuando transformamos el mundo en el que vivimos al transformamos a nosotros mismos. Somos un espejo y un reflejo del mundo.

Podría continuar y profundizar más en el tema pero quiero dejarlo acá para dejar que fluya la inquietud que seguro le ha nacido después de haber leído esto. Termino con lo siguiente para su reflexión:

¿Podría explicarle a alguien a qué sabe la sal si nunca la ha probado?

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